El tío Paul, o más bien las ruedas de su silla de ruedas, pisaron el escenario del mítico Cart and Horses. El lugar que, junto con el legendario Ruskin’s Arms, presenció los primeros pasos de la banda antes de convertirse en una leyenda del metal, fue el escenario de una emocionante noche de déjà vu. Cerrando los ojos, es imposible no preguntarse si Paul se vio a sí mismo joven, lleno de esperanzas y con un futuro por escribir. Los recuerdos de esos días dorados cuando Maiden era solo un grupo de jóvenes hambrientos de éxito deben haber surgido en nuestras mentes y en la de Di’Anno como una película en blanco y negro, llena de promesas y oportunidades.
Pero en el ambiente nostálgico de Cart and Horses, es inevitable preguntarse si existen arrepentimientos. ¿Podría su carrera haber tomado un rumbo diferente si no se hubiera “echado a perder”, como solemos decir? Tal vez este concierto fue una forma de reflexionar sobre esas elecciones pasadas, sobre las encrucijadas que la vida le presentó y sobre los caminos no tomados. Mientras Paul Di’Anno cantaba las notas de las icónicas canciones de Maiden, todo el público se unió en una especie de viaje en el tiempo, un momento de introspección compartida.
El pasado y el presente se fusionaron en una sola experiencia emocional, y tal vez en esa fusión, Paul encontró las respuestas a sus preguntas internas. En este regreso a las raíces, el cantante demostró que la pasión por la música es eterna, que los arrepentimientos pueden ser aliviados por la nostalgia y la gratitud por lo que ha sido. La leyenda de Maiden también puede ser un reflejo de una carrera solitaria pero llena de significado, y el concierto en el Cart and Horses fue una prueba tangible de ello.